martes, 3 de enero de 2017

Lo de siempre

Hoy, con un poco de calma, escribo sobre uno de "los temas del momento": el vestido de Cristina Pedroche para dar las campanadas.

La verdad es que no estuve muy pendiente ni de la tele ni de las redes sociales esa noche, con lo cual, tampoco estoy totalmente al tanto de lo que se dijo o se dejó de decir sobre el tema.
Me tomé las campanadas una hora más tarde que el resto de los españoles, ya que estaba en Canarias, pero sí que a las 00:00 hora peninsular encendí la televisión para ver el ambiente en Sol y sentirme conectada a mi familia, que en ese momento estaba despidiendo el año lejos de las islas. 

Hice zapping por todas las cadenas, y evidentemente, vi los looks de las presentadoras. Y el de la Pedroche fue el que más me gustó. Creo que era un vestido bonito y acorde a la persona que lo llevaba y al momento que se estaba viviendo. Pero eso es irrelevante, porque aquí nadie está hablando de un vestido.

Como he dicho, el 31 no estuve siguiendo las redes, pero los días posteriores sí que he visto algunos comentarios que amigos y conocidos han compartido en Facebook y Twitter. Y lo que  leí es propio de una sociedad que sigue juzgando con una vara de medir distinta a mujeres y hombres.

Leí que era imposible que una mujer aceptase de manera libre ir vestida de esa forma, que es casposo y misógino poner allí a una persona solo por su cara bonita, y que esta mujer, además, es un ejemplo pésimo para el resto de mujeres que quieren ser libres e independientes.

Lo primero: hasta donde yo sé, y corríjanme si me equivoco, Cristina Pedroche no ha decidido representar a las mujeres de nuestro país. Hablar o actuar en nombre de todo un colectivo es una responsabilidad enorme que no creo que la presentadora haya decidido asumir. Con lo cual, con ese vestido no creo que quisiera dar ejemplo de una u otra cosa a nadie más que a sí misma. Y lo más importante: tampoco creo que deba hacerlo.

Lo segundo:Al parecer, hay personas que no entienden que ante una noche tan especial, en la que vas a hacer algo tan importante en directo ante miles de personas, una persona decida ir guapa, verse bien, estar a gusto y dar la que ella considera que es su mejor imagen. 

Al parecer, si enseñas más carne de lo que ellos consideran que es apto para la lucha contra el heteropatriarcado es porque te están obligando a ir así, porque parece ser que se asume que tú no tienes capacidad de decisión y aceptarías órdenes sobre tu aspecto sin rechistar. Nadie se para a pensar, entiendo, en lo machista que es dar por sentado que una mujer simplemente no cuestiona nada de lo que le dicen.  

Supongo, además, que todas esas mujeres que han criticado a la presentadora diciendo lo horrible que es que en una noche gélida una mujer esté pasando frío mientras un hombre a su lado lleva manga larga y chaqueta, no se pusieron un vestido en Nochevieja. Y si se lo pusieron, era de lo más abrigado. Supongo que, dado que lo de las campanadas les pareció sumamente machista, también se lo parecerán otros eventos como la entrega de los Goya: una gala realizada siempre en una noche invernal de Madrid en la que los hombres van enfundados en sus smoking pero es anecdótico que una mujer lleve los brazos cubiertos.

Igualmente, supongo que cada vez que esas mujeres que tanto han criticado a Pedroche salen de fiesta, nunca pasan frío o llevan unos zapatos incómodos, sino que siempre van con pantalones de pana y cuello vuelto porque eso es lo que fomenta la igualdad. Supongo que nunca llevan escote, ¿porque sabéis qué?, los hombres nunca llevan escotes ni insinúan su sexualidad como nosotras, así que ellas tampoco lo hacen. 

Además, no se por qué, me da que quienes critican a Pedroche por ir como le da la real gana a hacer su trabajo son las mismas que están en contra de que las mujeres musulmanas lleven velo, porque obviamente, estas también lo hacen obligadas y ellas tampoco tienen capacidad de decisión. Sí, una vez más, solo ciertas mujeres son libres y saben sin ni siquiera preguntarle a las demás quién decide por si misma y quién no. Ellas son las que otorgan al resto el derecho a pensar.

¿Al final sabéis qué es lo que veo con toda esta polémica? Lo de siempre. Veo una sociedad diciéndole a la mujer qué es lo que debe hacer y lo que no, señalándole cuántos centímetros de tela son aceptables y cuántos no, y en definitiva, siendo cuestionada haga lo que haga, tome la decisión que tome. Y a mí todo esto, qué queréis que os diga, me resulta agotador.

Me considero una persona plenamente consciente de la importancia de la igualdad de género. Para mí, es un tema vital. Creo que esta todavía no existe en nuestro país. Evidentemente, estamos mucho mejor que hace años y supongo que también mejor que nunca, pero igualmente pienso que seguimos lejos de conseguir la igualdad real. La igualdad de derechos ya la tenemos, pero la igualdad política, económica y social todavía está por conseguir y este es un camino que hay que recorrer día a día.

Ahora bien, es sumamente cansado tener que estar justificando -a nosotras mismas, al resto de la sociedad y al propio movimiento feminista- cada paso que damos. Cada persona es ella misma y sus circunstancias, y esto incluye las contradicciones diarias de la vida y nuestro derecho a no seguir a rajatabla los dogmas e ideologías. 

Creo firmemente que no hay nada más revolucionario que ser una persona libre de ataduras, libre para hacer lo que tu cuerpo te pide cada día, y esto incluye deshacerte de las cadenas que tú misma te has puesto. Ojalá lleguemos pronto a ese país en el que una mujer puede vestirse como quiera, enseñe la carne que enseñe, sin ser lapidada públicamente por ello. 

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